Ya hace un mes
que perdí a mi papá, un hombre que siempre estuvo para mí, desde que nací fui
su centro, todo lo que hacía era pensando en mi bienestar, en mi tranquilidad,
en mi conveniencia, siempre enfocado en lo que era mejor para mí. No recuerdo
verlo molesto conmigo, al contrario, siempre me miraba con orgullo en sus ojos,
me aconsejaba, siempre tratando que sus consejos sean justo eso, consejos y que
sea yo misma quien tomara mi decisión.
No puedo
describir con palabras lo mucho que yo quisiera poder tenerlo conmigo, aunque
sea por media hora más. Solo para abrazarlo y para que me vuelva a decir lo que
siempre me decía (tanto que me quejaba de que siempre me hablaba de lo mismo y
ahora quisiera estar escuchando eso). Si yo pudiera hacer las cosas diferentes,
si el tiempo y la vida me dejara, yo hiciera de todo para poder pasear con el
otra vez por Plaza Central, para que me diera otra vez la dieta del pepino,
para que me hiciera cuentos de los bomberos y de cómo cazaban tiburones a la
orilla del Mar Caribe. Para que me llevara al paseo de los Reyes Magos que hacían
en los bomberos y así yo tirarme fotos con ellos y los “camellos”. Para que me
pusiera su “kepi”, para que me dijera
“ay mami linda, yo si te quiero, eres todo para mí, tu sabes que nada más te tengo a ti y todo lo que hago es por ti”.
Pero ya no puedo
volver atrás, Dios lo quiso a su lado, el me permitió tenerlo por 27 años conmigo,
me permitió disfrutarlo desde chiquita y despedirme cuando iba a partir. Pude compartir
mis logros y mis momentos difíciles y nunca lo sentí lejos, de hecho, todavía lo
siento conmigo. Eso de “extráñame pero déjame partir” es muy fácil de decir
pero muy difícil de hacer. Dejar partir a alguien, aceptar que ya no va a estar
con nosotros, que ya no vas a escuchar su voz, que ya no vas a volver a sentir
su calor en un abrazo, no es tarea fácil. Pero por esa misma persona, por el
recuerdo, por su memoria, por honrarlo, pienso que debemos seguir adelante con
nuestras vidas.
Mi rincón favorito |
El dolor nunca
se va, al igual que el recuerdo. Seguir el camino sin papi es difícil, pero no
me imagino lo injusto que para él sería, después de todo el esfuerzo que él y
mami han hecho para convertirme en lo que soy hoy, que yo me quedara estancada
en su recuerdo y no siga con mi vida, cosechando mis éxitos profesionales,
formando familia, compartiendo con mis amigos, seguir alegre, como él sabe que
yo soy.
Siempre he
pensado que el luto es personal, sigo pensándolo, aún ahora que me tocó tan de
cerca. Si mañana me pongo un vestido rojo y bailo un merengue navideño, no estaré
faltándole el respeto a la memoria de mi papá, estaré haciendo lo que es justo
para él y para mí, estaré siguiendo con mi vida, sin dejar un minuto de pensar
en él, porque sé que él está, donde sea que esté orgulloso de mi, y lo que pude
hacer por él, lo hice en vida. Ahora, por respeto a él, me toca ser feliz.
No es lo mismo
aceptar que olvidar… Yo estoy comenzando a aceptar que papi ya no está, pero
olvidarlo… eso es otra cosa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario