jueves, 26 de diciembre de 2013

No es lo mismo aceptar que olvidar…

Ya hace un mes que perdí a mi papá, un hombre que siempre estuvo para mí, desde que nací fui su centro, todo lo que hacía era pensando en mi bienestar, en mi tranquilidad, en mi conveniencia, siempre enfocado en lo que era mejor para mí. No recuerdo verlo molesto conmigo, al contrario, siempre me miraba con orgullo en sus ojos, me aconsejaba, siempre tratando que sus consejos sean justo eso, consejos y que sea yo misma quien tomara mi decisión.

No puedo describir con palabras lo mucho que yo quisiera poder tenerlo conmigo, aunque sea por media hora más. Solo para abrazarlo y para que me vuelva a decir lo que siempre me decía (tanto que me quejaba de que siempre me hablaba de lo mismo y ahora quisiera estar escuchando eso). Si yo pudiera hacer las cosas diferentes, si el tiempo y la vida me dejara, yo hiciera de todo para poder pasear con el otra vez por Plaza Central, para que me diera otra vez la dieta del pepino, para que me hiciera cuentos de los bomberos y de cómo cazaban tiburones a la orilla del Mar Caribe. Para que me llevara al paseo de los Reyes Magos que hacían en los bomberos y así yo tirarme fotos con ellos y los “camellos”. Para que me pusiera su “kepi”, para que me dijera 
ay mami linda, yo si te quiero, eres todo para mí, tu sabes que nada más te tengo a ti y todo lo que hago es por ti”.
Pero ya no puedo volver atrás, Dios lo quiso a su lado, el me permitió tenerlo por 27 años conmigo, me permitió disfrutarlo desde chiquita y despedirme cuando iba a partir. Pude compartir mis logros y mis momentos difíciles y nunca lo sentí lejos, de hecho, todavía lo siento conmigo. Eso de “extráñame pero déjame partir” es muy fácil de decir pero muy difícil de hacer. Dejar partir a alguien, aceptar que ya no va a estar con nosotros, que ya no vas a escuchar su voz, que ya no vas a volver a sentir su calor en un abrazo, no es tarea fácil. Pero por esa misma persona, por el recuerdo, por su memoria, por honrarlo, pienso que debemos seguir adelante con nuestras vidas.

Mi rincón favorito


El dolor nunca se va, al igual que el recuerdo. Seguir el camino sin papi es difícil, pero no me imagino lo injusto que para él sería, después de todo el esfuerzo que él y mami han hecho para convertirme en lo que soy hoy, que yo me quedara estancada en su recuerdo y no siga con mi vida, cosechando mis éxitos profesionales, formando familia, compartiendo con mis amigos, seguir alegre, como él sabe que yo soy.

Siempre he pensado que el luto es personal, sigo pensándolo, aún ahora que me tocó tan de cerca. Si mañana me pongo un vestido rojo y bailo un merengue navideño, no estaré faltándole el respeto a la memoria de mi papá, estaré haciendo lo que es justo para él y para mí, estaré siguiendo con mi vida, sin dejar un minuto de pensar en él, porque sé que él está, donde sea que esté orgulloso de mi, y lo que pude hacer por él, lo hice en vida. Ahora, por respeto a él, me toca ser feliz.

No es lo mismo aceptar que olvidar… Yo estoy comenzando a aceptar que papi ya no está, pero olvidarlo… eso es otra cosa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario